lunes, 2 de noviembre de 2009

La casa encantada

Era una casa encantada. Y me sostiene saber que ahora mismo sigue en pié.
Ahora mismo, azotada por la lluvia, sin luces propias ni cercanas que moderen la noche, mantiene sus muros, sus escalones de piedra.
Puede que en la oscura bodega un ratón perciba el olor a vino de siglos pasados y en el altillo queden restos de maíz centenario.
Es seguro que la higuera siga ordenando el huerto, el pozo sujete rosales viejos y el reloj se haya detenido.

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